La regularización de migrantes: ¿un acto de humanidad o un cálculo político?
Personalmente, creo que el debate sobre la regularización de migrantes en España va más allá de las cifras y los discursos políticos. Es un espejo que refleja nuestras prioridades como sociedad. ¿Qué valoramos más: la dignidad humana o el cálculo electoral? Esta pregunta, aunque incómoda, es inevitable cuando analizamos la reciente medida del Gobierno y la reacción de la oposición.
El Gobierno y su apuesta por la dignidad
El Ejecutivo de coalición ha presentado la regularización extraordinaria de migrantes como un hito legislativo. Y no les falta razón. Sacar a medio millón de personas de la clandestinidad, otorgarles derechos y mejorar sus condiciones laborales no es solo un acto de justicia social, sino también una inversión en el futuro del país. Desde mi perspectiva, lo que hace esta medida particularmente fascinante es su capacidad para desafiar la narrativa dominante en Europa, donde las políticas antiinmigración han ganado terreno.
Lo que muchos no entienden es que esta regularización no es un regalo, sino una necesidad. Los informes independientes son claros: cada migrante regularizado aporta entre 3.000 y 4.000 euros netos a las arcas públicas. Además, no existe un “efecto llamada”, como algunos temen. Si damos un paso atrás y lo pensamos, esta medida no solo es humana, sino también económicamente inteligente.
La oposición y el discurso del miedo
Ahora, hablemos del Partido Popular y su líder, Alberto Núñez Feijóo. Su reacción ha sido, en mi opinión, desproporcionada y peligrosa. Afirmar que el Gobierno está regularizando a “delincuentes” es no solo falso, sino también irresponsable. El decreto exige la ausencia de antecedentes penales y revisa cada caso de manera individual. ¿Qué sugiere esto? Que el PP está utilizando el miedo como herramienta política, algo que, lamentablemente, no es nuevo en la derecha europea.
Un detalle que me parece especialmente interesante es cómo el PP ha ignorado su propio historial. En 2024, apoyaron una iniciativa legislativa para regularizar a extranjeros. ¿Qué ha cambiado? La respuesta es obvia: la estrategia electoral. Feijóo parece estar coqueteando con el discurso de Vox, algo que, en mi opinión, podría salirle caro.
La sociedad civil: el contrapeso necesario
Lo que este debate realmente sugiere es que la sociedad española es más compleja de lo que algunos políticos quieren admitir. La Iglesia, el empresariado y gran parte de la ciudadanía han respaldado la regularización. Estos migrantes no son extraños; son vecinos, compañeros de trabajo, cuidadores de nuestros mayores. ¿Por qué, entonces, el PP insiste en retratarlos como una amenaza?
En mi opinión, esta estrategia no solo es moralmente cuestionable, sino también políticamente miope. El electorado de Vox, por ejemplo, sabe que muchos de los trabajos que realizan los migrantes no son cubiertos por los españoles. ¿De qué sirve, entonces, este discurso del miedo?
El futuro: ¿un giro en la política migratoria?
Si algo queda claro es que esta medida no es un punto final, sino un punto de partida. El Gobierno ha endurecido los requisitos de regularización tras las recomendaciones del Consejo de Estado, lo que demuestra su voluntad de equilibrar humanidad y rigor. Sin embargo, la pregunta sigue en el aire: ¿logrará esta medida cambiar el rumbo de la política migratoria en Europa?
Personalmente, creo que es un paso en la dirección correcta, pero insuficiente. Mientras líderes como Donald Trump sigan vinculando inmigración con delincuencia, el camino será difícil. Lo que hace falta es un cambio de narrativa, uno que ponga a las personas por delante de los prejuicios.
Conclusión: el lado correcto de la historia
El PSOE insiste en que Sánchez está “en el lado correcto de la historia”. ¿Es esto cierto? En mi opinión, sí, pero con matices. La regularización es un acto valiente, pero su éxito dependerá de cómo se implemente y cómo se comunique. Las palabras de Feijóo, por otro lado, podrían tener un efecto bumerán. En un país donde la inmigración es una realidad cotidiana, el discurso del miedo tiene fecha de caducidad.
Si algo he aprendido de este debate es que la política migratoria no es solo una cuestión de números, sino de valores. Y en ese sentido, España tiene la oportunidad de liderar un cambio. ¿Lo logrará? Solo el tiempo lo dirá. Pero, como dice el refrán, “quien siembra vientos, recoge tempestades”. Y el PP, con su estrategia actual, podría estar sembrando un viento que no le conviene.